El limón aporta vitamina C y antioxidantes que estimulan el sistema inmunológico y favorecen la digestión, mientras que el agua tibia ayuda a activar el metabolismo y a hidratar el organismo después de varias horas sin líquidos. La sal celta, por su parte, contiene minerales naturales que ayudan a equilibrar electrolitos, apoyando la función muscular y nerviosa. Esta combinación no solo mejora la sensación de energía, sino que también contribuye a una mayor claridad mental y bienestar general, ayudando a enfrentar el día con más vitalidad y enfoque.
Incorporar este hábito diariamente puede marcar la diferencia en la digestión, la absorción de nutrientes y la regularidad del cuerpo, promoviendo un inicio de jornada más saludable y equilibrado.
