Si hay mala higiene o humedad constante, pueden aparecer irritaciones, granitos e infecciones leves de la piel.
Cómo lavarlas bien
Usá jabón suave y enjuagá por completo, asegurando que no queden restos.
Seca muy bien la zona; la humedad atrapada empeora los olores y la irritación.
Si tenés piel sensible, probá desodorantes más simples, sin alcohol ni perfumes fuertes.
4. La ingle: una zona que requiere atención especial
La ingle tiene pliegues donde se acumulan:
sudor
calor
fricción
humedad
Ese ambiente favorece irritaciones conocidas como intertrigo, que a veces se complican con hongos o bacterias. Además, cuando la ingle molesta, muchas personas caminan diferente sin darse cuenta, causando dolores en cadera, rodillas o espalda.
Cómo mantenerla en buen estado
Usá jabones de pH equilibrado.
Lavá con suavidad, prestando atención a todos los pliegues.
Secá muy bien, sin dejar humedad.
Si sudás mucho, podés usar un talco específico recomendado por un profesional.
5. Los pies: la base de tu movilidad
Los pies suelen ser la parte más olvidada, pero son fundamentales para la estabilidad, el equilibrio y la independencia.
Con el tiempo, pueden aparecer:
piel seca y agrietada
humedad entre los dedos
hongos
uñas encarnadas
callos dolorosos
Estos problemas no son solo estéticos. El dolor y la incomodidad pueden hacer que una persona camine menos, se mueva con inseguridad o tenga más riesgo de caídas.
