Sus seres queridos evitan ciertos temas.
A veces, un amigo deja escapar un comentario ambiguo y el tema se cierra rápidamente. En este caso, no tiene sentido insistir: si no quiere hablar de ello, es porque no está preparada.
Lo más sensato es demostrarle que el presente importa más que el pasado. La confianza siempre crece mejor en un ambiente tranquilo que bajo presión.
Frases como “No es importante” o “No quiero hablar de eso” suelen servir de escudo. Esto no significa que esté ocultando algo serio, sino que está protegiendo un espacio interior. Reaccionar con amabilidad en lugar de con recelo abre la puerta a un diálogo futuro, a su propio ritmo.
El verdadero secreto: hablar, pero sobre todo, escuchar.
Todos tenemos una parte de nuestra historia que no compartimos de inmediato. La clave no es saberlo todo, sino crear un ambiente donde todos se sientan libres de hablar sin miedo a ser juzgados.
