7 errores cotidianos que empeoran el mareo después de los 60 (y cómo corregirlos)
Imagínate la escena.
Te despiertas, te sientas al borde de la cama y, antes de dar el primer paso, ahí está otra vez:
ese mareo suave pero molesto, como si el piso fuese de goma o la cabeza no terminara de encajar con el cuerpo.
No es un vértigo que hace girar la habitación.
Es algo más sutil, más traicionero: cabeza pesada, pasos inseguros, sensación de “andar flotando”.
A muchos les dicen: “Es normal, es la edad”.
Pero como geriatra, yo, el Dr. Luis Luna, he visto demasiados pacientes mejorar como para aceptar esa frase como destino.
El mareo y la cabeza pesada no son parte obligatoria del envejecimiento.
En la mayoría de los casos están relacionados con hábitos diarios que parecen inofensivos, pero que desajustan el equilibrio, la circulación y la forma en que el cerebro interpreta el movimiento.
Piensa en tu equilibrio como una orquesta: hidratación, respiración, oído interno, presión arterial, músculos del cuello…
Si uno desafina, el conjunto pierde armonía y el mareo aparece.
