Nuestras necesidades evolucionan con el tiempo, al igual que nosotros. Lo que importa no es la perfección de la relación, sino su capacidad para capear las tormentas sin desaparecer.
En definitiva, la persona que permanece a tu lado a largo plazo no es la que más promete, sino la que —o tú mismo— decide no irse cuando la vida se vuelve más difícil.
