Ella no arreglaba nada. Estaba ahí. Presente incondicionalmente.
Lo que realmente revela la enfermedad
En esos momentos en que ya no te reconoces, cuando el espejo se vuelve un extraño, la mirada del otro importa más que nada. Y su hermana la miraba como antes. No como una persona frágil. No como un problema por resolver. Como su hermana.
El resto ya no importaba.
La vida a veces tiene esa extraña brutalidad: elimina todo lo superfluo para dejar sólo lo esencial.
¿Y luego qué?
No saben qué les depara el futuro. Si volverán a hablar de la discusión. Si volverán a hablar. Quizás sí. Quizás no.
Pero una cosa es segura: cuando todo se derrumbó, ella viajó kilómetros para sentarse a su lado.
Y a veces, eso es más que suficiente para reparar un vínculo familiar .
