Mi hijo me llamó: «Mañana me caso. Saqué todo el dinero de tu cuenta del banco…»

Diego se rió, restándole importancia. Pero algo en esa escena quedó flotando, incómodo.

El robo
Un domingo revisé mis cuentas como siempre. El café se me enfrió en la mano.

Mis ahorros, $17,000 reunidos durante décadas, habían desaparecido casi por completo. La cuenta corriente estaba prácticamente vacía.

Llamé al banco. Me confirmaron que las transferencias se habían hecho desde mi banca en línea hacia una cuenta a nombre de Diego.

Colgué sin decir palabra y pasé horas mirando una pared, intentando entender cómo mi propio hijo podía hacerme algo así.

“Vendí la casa. Tienes 30 días”
Al día siguiente volvió a llamar. Estaba eufórico.
—Mañana es la boda. Será en un club campestre precioso. Ah, y vendí la casa. Tengo poder notarial por unos documentos que firmaste el año pasado. El cierre fue ayer. Tienes 30 días para mudarte.