Mi nuera echó algo en mi vaso, así que cambié mi bebida con la de su padre. Veinte minutos después…

Y de pronto… se agarró la garganta. Su cara se puso morada. Empezó a salir espuma blanca. Convulsionó y cayó al suelo.

El restaurante explotó en gritos, celulares grabando, caos total.
Valeria no parecía una hija desesperada. Parecía una mujer calculando.
Y entonces intentó lo impensable: impedir que llamaran a una ambulancia.

—¡No llame a nadie! ¡Es epilepsia! ¡Le pasa siempre!

Mentira. Don Esteban era fuerte, jamás tuvo eso.

Mi hijo elige el bando equivocado
Yo miré a Alejandro esperando, aunque fuera, un mínimo reflejo de decencia.
Pero no. Se dobló ante Valeria. Con miedo.

—Mamá, no te metas. Si esto se sabe, las acciones bajan…