Y de pronto… se agarró la garganta. Su cara se puso morada. Empezó a salir espuma blanca. Convulsionó y cayó al suelo.
El restaurante explotó en gritos, celulares grabando, caos total.
Valeria no parecía una hija desesperada. Parecía una mujer calculando.
Y entonces intentó lo impensable: impedir que llamaran a una ambulancia.
—¡No llame a nadie! ¡Es epilepsia! ¡Le pasa siempre!
Mentira. Don Esteban era fuerte, jamás tuvo eso.
Mi hijo elige el bando equivocado
Yo miré a Alejandro esperando, aunque fuera, un mínimo reflejo de decencia.
Pero no. Se dobló ante Valeria. Con miedo.
—Mamá, no te metas. Si esto se sabe, las acciones bajan…
