Por qué me arrepiento de haberme mudado a un hogar de ancianos

Cada residente carga su propia historia, sus dolores, sus pérdidas. Las conversaciones suelen ser cortas, repetitivas o silenciosas. Extrañas las charlas verdaderas, las risas espontáneas, la confianza.
Estar rodeado de gente no es lo mismo que sentirse acompañado.

2. Pierdes más independencia de la que imaginas
Al principio te dicen que es por tu bien. Horarios fijos para comer, dormir, bañarte, recibir visitas.
Pero poco a poco notas que ya no decides.

No eliges cuándo salir, qué comer exactamente, ni siquiera a qué hora apagar la luz.
La sensación de control sobre tu propia vida se va diluyendo… y eso pesa más de lo que uno cree.

3. Te conviertes en un número más
Aunque el personal haga lo posible, la verdad es que están sobrecargados. Muchos residentes, poco tiempo, muchas normas.
Las necesidades emocionales pasan a segundo plano.