Nunca volvería a decidir por mí.
No heredaría mi casa.
Si quería seguir en mi vida, tendría que demostrarlo con hechos.
No castigué. Protegí mi dignidad.
Reconstrucción
Poco a poco devolví mi casa a lo que era. Pinté las paredes, recuperé mis muebles, cuidé el limonero hasta que volvió a brotar.
Matías también cambió. Perdió su matrimonio, su trabajo, su falsa seguridad. Y empezó, por primera vez, a mirarse a sí mismo.
Nuestra relación no volvió a ser la misma. Pero se volvió más honesta.
