Charles asintió.
Quiero que supervises todos los próximos desarrollos comunitarios. Tú entiendes a la gente. Entiendes la vida. Eso es algo que el dinero no puede enseñar.
Fue más que un ascenso y fue un nuevo comienzo.
Daniel vio a Leo riéndose con los gemelos y sintió que se le saltaban las lágrimas.
“Gracias”, murmuró.
“Ya te lo has ganado”, respondió Charles.
Más tarde esa noche, volvió a llover. Pero ahora sonaba más suave, como un recuerdo de lo que había cambiado.
La bondad había dado un giro completo. Y muchas vidas se reescribieron porque un hombre abrió su puerta.
