El resultado es más rigidez, hinchazón y molestias cotidianas. Piensa en tu cuerpo como un motor: si le pones el combustible equivocado, empieza a fallar. La buena noticia es que ajustar lo que comes podría ayudar a reducir esa “llama interna”. Pero veamos los principales culpables…
1. Azúcares Refinados y Bebidas Azucaradas
Esa refrescante soda del mediodía o el postre dulce después de la comida parecen inofensivos, pero el azúcar refinado provoca picos rápidos en la glucosa sanguínea, liberando sustancias proinflamatorias. Estudios asocian su consumo excesivo con mayor inflamación crónica y dolor articular, especialmente en condiciones como la artritis.
Imagina cómo María, una maestra de 52 años de la Ciudad de México, sentía que sus rodillas ardían después de un dulce. Al reducir los azúcares, notó alivio en pocas semanas. ¿Te ha pasado algo similar? Pero espera, el siguiente es igual de común en nuestras mesas…
2. Harinas Refinadas y Productos Procesados
El pan blanco, las tortillas de harina común o los pasteles actúan en el cuerpo como azúcares rápidos. Provocan respuestas inflamatorias similares y, según investigaciones recientes, pueden agravar la rigidez matutina al alterar el equilibrio intestinal.
Un estudio de 2023 relacionó estos “alimentos blancos” con mayor inflamación sistémica. Cada bocado es como añadir leña al fuego. ¿Y si pruebas versiones integrales? Sin embargo, el tercero es un clásico en la cocina mexicana que podría sorprenderte…
