Cambios comunes que pueden aparecer después de los 75 años y cómo afrontarlos de forma saludable.

El reloj biológico se adelanta: el cuerpo empieza a tener sueño mucho más temprano y se despierta de madrugada. Además, el sueño se vuelve fragmentado, con múltiples despertares durante la noche, aunque no siempre los recuerdes.

Esto no significa que duermas peor, sino diferente. Forzar los viejos hábitos suele generar insomnio y ansiedad. El cuerpo ahora funciona con un nuevo patrón.

4. La temperatura corporal deja de autorregularse bien
El sistema que regula el calor y el frío se vuelve menos eficiente.
El cerebro pierde neuronas encargadas de detectar la temperatura, la piel se vuelve más delgada y el metabolismo produce menos calor interno.

Por eso muchas personas mayores sienten frío cuando otros no, o se sofocan fácilmente en ambientes templados. Además, el cuerpo deja de enviar señales claras de sed o escalofríos, lo que aumenta el riesgo de deshidratación y golpes de calor o hipotermia.

La tolerancia a los cambios de temperatura se reduce notablemente.

3. El sistema digestivo se vuelve lento y frágil
Después de los 75, el aparato digestivo entra en una etapa de funcionamiento lento permanente.

Se produce menos saliva, menos ácido gástrico y menos enzimas digestivas. Los intestinos absorben peor los nutrientes y el tránsito intestinal se vuelve más lento, favoreciendo la hinchazón, la pesadez y el estreñimiento.

Esto explica por qué comidas que antes se toleraban bien ahora generan malestar, gases o sensación de que la comida “no baja”.

No es intolerancia: es un cambio estructural del sistema digestivo.