Había cortado lazos con mi hermana, hasta que ella entró en mi sala de quimioterapia.

Un anuncio que lo reinicia todo
A los cuarenta y un años, un diagnóstico médico rompió este frágil equilibrio. Uno de esos que te obligan a bajar el ritmo, a escuchar a tu cuerpo, a ver la vida de otra manera. La doctora habló con calma. Fingió comprender, mientras todo se desmoronaba por dentro.

Informó a su familia. A sus amigos. A sus colegas.
No a su hermana.

Después de todo, ya no se hablaban. ¿Qué sentido tenía reabrir una puerta que llevaba tanto tiempo cerrada?

El día que el pasado entra en la habitación

La primera sesión de tratamiento fue larga y agotadora. El hospital, con sus fuertes luces fluorescentes blancas y su inconfundible olor, parecía congelado en el tiempo. Al despertar, todavía aturdida, esperaba ver una cara conocida.