Lo más preocupante es que el daño no siempre es inmediato. El corazón se debilita silenciosamente, la presión arterial aumenta gradualmente y los ritmos eléctricos se vuelven inestables. Puede que te sientas un poco mareado o más cansado, lo que podrías atribuir al envejecimiento, pero por dentro, tu corazón está dando la voz de alarma.
2. Ejercicios abdominales y entrenamiento con pesas: cuando el entrenamiento de fuerza perjudica tu corazón.
Muchos adultos mayores desconocen que el esfuerzo realizado durante los ejercicios abdominales o al levantar pesas provoca un aumento de la presión intraabdominal y torácica. Esta presión no se limita al abdomen ni al pecho, sino que se extiende hacia adentro y hacia arriba, lo que provoca un aumento de la presión arterial y una demanda compensatoria repentina del corazón.
Para un corazón envejecido, especialmente uno ya debilitado por arterias rígidas o una acumulación silenciosa de placa, esto puede ser un punto de quiebre. He tratado a pacientes que se desmayaron en pleno ejercicio, experimentaron dolor en el pecho durante una serie o sufrieron arritmias poco después de lo que consideraban un entrenamiento normal.
