En medio de la celebración, justo cuando mi pareja levantó la copa para agradecer a todos por acompañarnos, mi cuñada pidió la palabra. Tomó el micrófono sin preguntar y soltó una risa nerviosa antes de hablar.
“Ya que estamos celebrando el amor… tengo una noticia importante que compartir”, dijo.
Sentí un nudo en el estómago.
Sin más rodeos, anunció que ella también se casaría pronto. Que había decidido comprometerse y que su boda sería ese mismo año. Lo dijo con entusiasmo, mirando a los invitados, como si aquel fuera su escenario.
El silencio fue inmediato. Algunos aplaudieron por reflejo. Otros bajaron la mirada. Yo me quedé inmóvil, tratando de procesar lo que acababa de pasar.
La incomodidad se apodera del ambiente
No era solo el anuncio. Era el lugar, el momento, la forma. Aquella noche no era sobre ella. Era nuestra celebración, nuestro compromiso, nuestro instante.
