Si no puedes vivir solo, alternativas al hogar de ancianos que conviene considerar.

Nada era cruel, pero todo me recordaba que yo era un invitado.
Escuchar que mi presencia los agotaba fue devastador. Entendí algo importante:

Vivir con la familia no siempre elimina la soledad. A veces la hace más profunda.

Tercera opción: cuidadores a domicilio
De regreso en mi casa, busqué ayuda parcial. Un cuidador unas horas al día parecía una buena solución.

Al principio funcionó. Pero luego llegaron los problemas:
El costo era altísimo.

Cada cuidador tenía su forma de hacer las cosas.

Yo debía adaptarme a rutinas ajenas en mi propio hogar.

Cada cambio significaba empezar de cero.

Me di cuenta de algo clave:
No necesitaba que alguien viviera por mí… pero tampoco podía pagar ese sistema.