Un error espiritual frecuente entre los católicos y la importancia de la reflexión personal.
Muchas personas creen que su vida espiritual está en orden porque van a misa, rezan, participan en los sacramentos y cumplen con las prácticas religiosas. Sin embargo, existe un pecado silencioso, constante y profundamente destructivo que se infiltra en la vida diaria de millones de creyentes sin que casi nadie lo lleve al confesionario: el mal uso de la lengua.
No hablamos de groserías o palabras ofensivas, sino de algo mucho más común: hablar mal del prójimo, juzgar, murmurar, difundir chismes o levantar sospechas sin pruebas. Este tipo de pecado es tan habitual que muchos lo consideran “normal”, una simple conversación, cuando en realidad puede llegar a ser grave delante de Dios.
Qué incluye el pecado de la lengua
Este pecado no es uno solo, sino un conjunto de actitudes que dañan directamente al prójimo:
Juicio temerario: pensar o asumir que otra persona hizo algo malo sin tener pruebas.
Murmuración: contar defectos o pecados reales de alguien cuando no existe una razón justa para hacerlo.
Calumnia: inventar o exagerar faltas para perjudicar la reputación de otra persona.
