Aunque muchas veces se dicen en tono “inofensivo”, estos comportamientos rompen la caridad, dañan la honra de los demás y siembran división.
Por qué estos pecados son tan graves
El daño que producen las palabras mal usadas es mucho mayor de lo que parece:
Destruyen la caridad, que es la base de toda vida cristiana.
Arruinan reputaciones que tardaron años en construirse.
Se multiplican, porque una persona repite lo que oyó y así el daño se expande.
Crean ambientes tóxicos de desconfianza y crítica.
Alejan a muchas personas de la fe, porque nadie quiere estar en un lugar donde es juzgado.
Nos colocan bajo el mismo juicio con el que juzgamos a los demás.
